Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
Buenos Aires / Sur de Bolívar — Este miércoles 7 de octubre de 2026, a los 81 años, falleció el cantautor ítalo-argentino Piero, tras varios días interno en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Su partida deja un vacío inmenso en la música popular latinoamericana, y especialmente en Colombia, país que lo adoptó y que él amó profundamente.
Un vínculo que cruzó fronteras
Piero obtuvo la ciudadanía colombiana en 1994 y desde entonces hizo de nuestra tierra su casa. Con su conocido atuendo de seminarista, marcó toda una época en los años 60 y 70 con su música de protesta y su activismo por la paz. Recorrió regiones golpeadas por la violencia, llevando su mensaje de justicia y esperanza.
Su canción «Para el pueblo lo que es del pueblo» se convirtió en un himno:
«Para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó; para el pueblo lo que es del pueblo, para el pueblo liberación.»
Grabada por entonces estudiante de periodismo David Torres, en la toma guerrillera del 27 de diciembre de 1987 al puesto de policía de Simiti.
Así como «Ana y Jaime», que dice: «Porque se unieron el fusil y el evangelio», estas canciones trascendieron la música para convertirse en bandera de un tiempo donde el arte y la lucha caminaban juntos. El ELN las tomó como propias durante la primera etapa de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, lo que refleja cuánto caló su mensaje en las regiones más olvidadas del país.
En el sur de Bolívar: música, fe y conflicto
La obra de Piero se enmarca en un vasto movimiento continental: la Nueva Canción en Argentina y Chile, la Nueva Trova en Cuba, la Tropicalia en Brasil y la canción de protesta en Colombia. Eran tiempos donde el arte no era solo entretenimiento, sino conciencia, denuncia y anhelo de cambio.
Esa misma época vio nacer también un fenómeno profundamente ligado a nuestra región: sacerdotes que, inspirados en la Teología de la Liberación, bajaron de los púlpitos para estar entre los más pobres. Algunos, como Camilo Torres, dieron incluso su vida por esa convicción. Tres sacerdotes españoles se sumaron al ELN:
• Manuel Pérez Martínez («El Cura Pérez»): se incorporó en 1969 y fue máximo comandante del grupo entre 1978 y 1998
• Domingo Laín: se unió a la guerrilla y cayó en combate en 1974; su nombre hoy lleva el frente más fuerte de esa organización
• José Antonio Jiménez: también sacerdote español que se sumó al movimiento y falleció a principios de los años 70
En total, 96 sacerdotes, entre ellos el párroco de Simití, estuvieron vinculados a estos procesos. El padre José Fabio Naranjo, del MIIC-PAX ROMANA, ha recordado cómo esa generación de hombres de fe creyó que el Evangelio exigía también transformar la historia.
Piero no empuñó las armas: empuñó la guitarra. Y con ella cantó a la dignidad de los pueblos, al igual que aquellos sacerdotes creyeron en la liberación como parte de su fe. Ambos, desde trincheras distintas, soñaron lo mismo: una Colombia más justa.
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