Nos hicieron daño, pero nos robaron la esperanza
Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
La guerrilla, los paramilitares, las bandas criminales, el narcotráfico y la minería ilegal han dejado cicatrices profundas en nuestra tierra. Han cobrado vidas, desplazado familias y sembrado miedo durante décadas. Nadie puede negar el dolor que nos han causado.
Pero hay un daño que duele más, porque viene de casa.
Son aquellos a quienes elegimos para servirnos, los alcaldes que se suben al poder para servirse de nosotros. Con recursos que son de todos, construyen fortunas personales mientras los pueblos se quedan sin caminos, sin hospitales, sin escuelas.
Las armas pueden quitarte la casa, pero no pueden quitarte los sueños. La corrupción, en cambio, te roba el futuro antes de que llegue. Nos han acostumbrado a pedir lo que es nuestro como si fuera un favor. Nos han convertido en mendigos en nuestra propia tierra, donde la riqueza debería alcanzarnos a todos, no solo a unos pocos que se hacen elegir para despojarnos.
No es solo dinero lo que nos llevan. Se llevan la esperanza. Y sin esperanza, un pueblo pierde lo más valioso que tiene: la convicción de que mañana puede ser mejor.
Pero la dignidad no se roba. Y tarde o temprano, los que se enriquecieron con nuestra necesidad tendrán que rendir cuentas. Porque el hambre que dejaron en los pueblos algún día se convertirá en justicia.
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