La enfermera que vaticinó una avalancha de muertes por cáncer
Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
«Cuando a los simiteños les vuelvan a suministrar agua del Cañito, se incrementarán las muertes por cáncer, porque la codicia del oro hará que se vierta mercurio en las cuencas hidráulicas.»
Con estas palabras, en enero de 1992, la enfermera Rosa Isabel Torres Mejía, del entonces Hospital San Judas Tadeo de Simití, dejó escrita una advertencia que el tiempo ha convertido en tragedia. Ella fue quien primero observó con alarma los primeros casos de malformaciones congénitas que empezaron a aparecer entre los niños del municipio. Nadie le puso atención. Nadie frenó nada. Hoy su voz suena como una sentencia cumplida.
Un panorama aterrador
La minería criminal ha marcado un destino oscuro para los habitantes de Simití. Se estima que el 67 % de los fallecimientos en el municipio mueren a causa de algún tipo de cáncer. Una cifra escalofriante que convierte a este pueblo en una zona de silencio y duelo constante.
Los ríos, quebradas y ciénagas —fuente de vida de siempre— se han transformado en bombas biológicas. Mercurio y metales pesados vertidos sin control han envenenado el agua que la gente necesita para vivir. La falta de políticas públicas de salud y de control ambiental ha permitido que la contaminación avance más rápido que cualquier solución.
Las comunidades no tienen otra opción: beben, se bañan y cultivan con agua contaminada, mientras la enfermedad avance casa por casa. Lo que la enfermera vio venir hace más de tres décadas, hoy es una realidad que nadie ha sabido detener.
¿Cuántas vidas más se necesitan para escuchar a quienes saben? ¿Hasta cuándo el oro valdrá más que la salud de un pueblo entero?
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