Una canción inspirada en una mujer guajira terminó convertida en un enredo sentimental cuando Beto Zabaleta aseguró que los versos estaban dedicados a María Mónica Urbina, recién elegida Señorita Colombia. La historia, que durante años estuvo rodeada de confusiones, fue recordada por su propio compositor en Vallenatos con Alí._
Por: *Emilio Gutiérrez Yance*
Hay mentiras que se las lleva el viento, otras que se quedan guardadas en el corazón y algunas que terminan convertidas en historias para contar entre amigos, con un acordeón de testigo y una carcajada atravesada en la garganta. A Rafael Manjarrés le ocurrió algo parecido con ‘Benditos versos’, aquella joya del vallenato que escribió inspirado en una mujer guajira y en la tierra que lo vio nacer. Nunca imaginó que una canción concebida para conquistar un corazón terminaría contribuyendo a que perdiera un noviazgo. Y lo más curioso es que el responsable del enredo no fue otro que Beto Zabaleta, el hombre que inmortalizó aquellos versos con su voz y que, sin proponérselo necesariamente, terminó metiendo al compositor en un problema de amores.
Para encontrar el principio de esta historia hay que regresar al sur de La Guajira, a La Jagua del Pilar, tierra de juglares, acordeones y versos enamorados, donde nació Rafael Manjarrés Mendoza, el 24 de marzo de 1960. Allí, entre las estribaciones de la Serranía del Perijá y las tradiciones musicales que marcaron su infancia, comenzó a formarse la sensibilidad de un compositor que aprendería a convertir los sentimientos en canciones. A mediados de los años ochenta, una mujer guajira se había adueñado de sus pensamientos. Era tan grande la admiración que sentía por ella que decidió compararla con la majestuosidad de su departamento, sin imaginar que aquellos versos terminarían convirtiéndose en un clásico del vallenato y, al mismo tiempo, en el motivo de uno de sus más recordados desencuentros amorosos.
Rafa encontró entonces una manera extraordinaria de describirla: compararla con La Guajira. Aquella península que parece adentrarse en el mar con la altivez de quien no pide permiso para existir tenía, para el compositor, mucho de la personalidad de la mujer que admiraba. Así fueron naciendo los versos, entre sentimientos amorosos, orgullo regional y una mirada poética sobre su territorio. La composición no se limitaba a elogiar unos ojos bonitos o una figura femenina. También hablaba de la identidad guajira, de su geografía y de ese temperamento indomable que Manjarrés encontraba tanto en la tierra como en su musa. Era una declaración de amor en la que el paisaje se volvía mujer y la mujer terminaba convertida en paisaje.
Fue entonces cuando apareció Beto Zabaleta con una versión que, de acuerdo con el relato presentado por Manjarrés en el espacio Vallenatos con Alí, terminaría metiéndolo en problemas sentimentales. El cantante aseguró en una entrevista que ‘Benditos versos’ había sido inspirada por María Mónica Urbina. La afirmación reunía todos los ingredientes para convertirse en noticia: un compositor guajiro, una reina nacional nacida en Riohacha y una canción que exaltaba la belleza femenina y la majestuosidad de la península. Todo parecía encajar, salvo por un detalle fundamental: la historia no era cierta. Rafa había escrito aquellos versos pensando en otra mujer, alguien que nada tenía que ver con la corona nacional de belleza. Lo que para el intérprete pudo ser una manera de promocionar la canción terminó convertido en una confusión que el compositor no había buscado.
Hoy, cuatro décadas después de aquella grabación, la anécdota vuelve a demostrar que detrás de los grandes clásicos vallenatos existen historias que no siempre terminan como las cuentan los cantantes. Beto Zabaleta le dio voz a una de las páginas más hermosas de Rafael Manjarrés, pero también quedó vinculado a una confusión que, según el compositor, le costó un amor. María Mónica Urbina terminó convertida, sin ser la verdadera musa, en protagonista involuntaria de aquella leyenda. Y Rafa, aquel muchacho de La Jagua del Pilar que quiso convertir su enamoramiento en poesía, descubrió que a veces los versos alcanzan la gloria mientras el corazón paga las consecuencias. Al final, el noviazgo se acabó, la verdadera musa quedó en el anonimato y la canción siguió sonando. Porque en estas tierras del vallenato los amores pueden morir de celos, las mentiras pueden enredar destinos, pero cuando un verso nace bonito, ni el despecho ni el tiempo consiguen enterrarlo.
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