Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
Dicen que el delito nunca paga, pero este caso demostró que ni siquiera siempre entra.
Resulta que por allá en El Banco, Magdalena, un sujeto pensó que la suerte estaba de su lado. Se acercó sigiloso a una vivienda, listo para hacer de las suyas… y entonces sucedió lo que nadie esperaba: quedó atascado entre la pared y las varillas de la ventana. Ni pa’ dentro ni pa’ fuera. Como un corcho en una botella.
Imagínense la escena: ahí está el hombre, inmóvil como estatua, y de repente empieza a gritar: «¡Ayúdenme! ¡Sáquenme de aquí!» Los vecinos, en lugar de asustarse, sacaron los celulares y grabaron. Dijeron que parecía menos un delincuente y más un niño que se metió donde no debía.
Cuando llegó la Policía, tardó un buen rato en sacarlo. Y ¿saben qué dijo el hombre, ya libre pero con la vergüenza a cuestas? Que «estaba jugando». ¡Jugando! Como si la ventana lo hubiera invitado a una partida de escondidas.
Jugando, dicen… pues sí, jugó a ser listo y terminó siendo atrapado por una ventana.
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