Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
Al llegar a las puertas de la ciudad imperial, una sorpresa maravillosa me esperaba: allí, erguido y eterno, estaba don Miguel de Cervantes Saavedra. Con su libro en una mano y su mirada perdida en los horizontes de la imaginación, el padre de la literatura en español parecía decir: «Bienvenido a los sueños que no mueren».
No pude resistirme: le tomé la mano, como pidiéndole que me contara una historia más. Y en ese instante, entre el bronce y la sonrisa, sentí que su genio sigue vivo. Que donde quiera que haya alguien que lee, Cervantes camina a nuestro lado, contándonos que los gigantes existen, aunque algunos no quieran verlos.
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