El sabio del pantanal, Rafael Vásquez, hace un año murió; y con él se fueron todas las esperanza del hombre conservacionista, amante de la naturaleza, del respeto a al ecosistema; rafa, como cariñosamente le decían, amaba cada parte de la ciénaga de Simití y durante toda su vida como pescador, jamás capturó un bocachico por debajo del tamaño permitido.
Fue el que propicio la conservación del árbol anfibio del anón silvestre o anón cienaguero, que estaba amenazado con extinguirse; fue un doliente permanente y crítico de esas familias que no tenían baños y hacían sus necesidades fisiológicas en una bolsa plástica y la arrojaban a la ciénaga; señalaba que es necesario limpiar el espejo de agua y sacar todos los tóxicos que están matando el fondo marino de la ciénaga de Simití y con él, la perdida de los peces.
Conocía palmo a palmo cada rincón de los humedales y lo más importante reconocía los hijos de la Madreagua, los cuales los defendía como si fueran hijos de él, por esos cuestionaba a los pescadores furtivos o trasmalleros.