Por: David Torres, periodista en zona de alto riesgo
Con los brazos abiertos, como abrazando siglos de historia, se alza ante el visitante el Puente de Alcántara, la antigua entrada a la ciudad imperial de Toledo. Al cruzar sus piedras milenarias, la imponente Puerta de Bisagra te recibe con su arco majestuoso, mientras las murallas y torres de la ciudad se yerguen en la colina como guardianas que nunca duermen.
Bajo un cielo azul intenso, el río Tajo abraza la ciudad de las tres culturas: donde cristianos, judíos y musulmanes convirtieron cada calle, cada piedra, en un legado de sabiduría. Toledo no se visita: se siente. Es como entrar en un cuento donde el tiempo se detuvo para que el mundo aprendiera a leer en sus muros con las primeras letras de la Mancha y Cervantes Saavedra enseñara a los sudamericanos en que la literatura se escribe con acento literario.
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