El departamento de Santander, también tiene pueblos en la desidia; alrededor de la franja del Magdalena Medio colombiano se pueden observar poblados rezagados en la historia, que se resisten a desaparecer o están sumidos en el olvido, muchos de ellos se han convertido en aldeas de comunidades pobres, que viven en medio del lodo y la miseria, debido al abandono de la alcaldía de Puerto Wilches y del gobierno del departamento de Santander; un Estado indolente que se da las ínfulas de élite política en Colombia, y constituye poblados en su territorio, peores que los del Chocó, Bolívar, Sucre y Guajira.
Otras por el contrario son solitarias y peligrosas. En el norte del municipio del segundo puerto fluvial de Santander, muchas comunidades han sufrido la anarquía; su gente humilde casi viven en la indigencia social, como los que tienen que soportar la inclemencia de la naturaleza cada año, y la presencia bélica, de Grupos Armados Organizados; dejan huella, en la mente desolados de los más pobreza de la región, que se han tornado en pueblos fantasmagóricos y con una gran cantidad de historias ancestrales, incluyendo algunas sin memoria, que apoyan a gobiernos que le han robado su futuro.
Ellos, sin oportunidad, son los poblados de Badillo, Vijagual, Sitionuevo, Boca del Rosario, Paturia, el Guayaba entre otros que mencionamos si no, nos falla la memoria y cuatro de ellos, por ser los más resultantes, que permiten, admiten y toleran que los mandatarios de turno, desangren con inversiones fantasmagóricas de recursos millonarios, para sanar con pañitos de agua tibia, los chorros que cada año destruyen cientos de hectáreas de cultivos, fincas y poblados, que quedan en ruina, dejados por el paso de la ola invernal, donde la desolación, la pobreza y la muerte reina en el mundo mágico de Santander del sur.
Estas poblaciones ubicadas en la franja del Valle de la Magdalena del departamento de Santander, sufrieron en el mes de junio y julio del presente año, los rigores de la catástrofe natural; amanecieron bajo una capa de lodo y escombros, dejados por las inundaciones y las lluvias permanentes; padeciendo el 96% de sus habitantes que viven en la desidia total.
Calles pantanosas, en silencio, llenas del zumbido de los mosquitos y los artrópodos fantasmal que revolotean en la noche y eclosionan entre los charcos, dejados por los cerdos que se bañan permanentemente: Así podría describirse la ribera norte de Puerto Wilches, que en la época de Marina Barba de Ardila, era lo contrario; se veía la bonanza del ganado, la abundancia del plátano y las cantidad de vituallas, que decoraban las viudas de pescado y sancocho de gallina pata amarilla; década de los 70 y parte de los años 80; los poblados eran alegres, llenos de una tradición de la cultura anfibia; ellos, pretendían ser prósperos, cordiales y alegres; hoy, se encuentran en ruinas y completamente solitarios, olvidados por la élite política de Santander, que nunca mira para este lado del río; dan cuenta de lo que fuera en otrora, debido a las inundaciones, dejando comunidades envuelta en lodo, plagas, marcada por el marquillaje de la miseria extrema, donde, alrededor del 91 por ciento de los hogares, viven en la pobreza extrema.