Los niños que revivieron la cultura anfibia del carnaval

Una tradición que llegó a Simití, a través del río Magdalena, y desde que se inició en Barranquilla, los niños y niñas juegan el carnaval, pero con algo particular; se lanzan a las aguas tibias de la sagrada ciénaga de Simití para jugar con la naturaleza, nadan y arrojan chorros de agua haciéndole tributo a la Madreagua que le da el equilibrio al ecosistema que se resiste a desaparecer a pesar que muchos nativos desadaptados, la tienen como la cenicienta.

El aviso o la islita de los muerto es el encuentro de estos traviesos jovenzuelos que no siente el mínimo miedo de tirarse a las aguas o que le pique una raya; después de untarse de pintura, echarse maicena y empaparse de manteca de pescado y carbón, los lazarillos del agua dulce juegan hasta saciar su energía, que es inagotable.

Esta sequía que está en su máximo punto, da muestra que el hombre y el agua, están vinculados desde la formación misma del ser humano.

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