El raponero de celular que detuvo un “policía muerto”

El raponero de celular que detuvo un “policía muerto”

Como si lo escribirán o lo narrarán los mejores cronistas policiacos de la década de los años 70; los maestros de la noticia roja del periodismo cartagenero, Alfonso Pomares y Pablo J Caballero:

Los dos sujetos que acababan de cometer un atraco con arma blanca en el barrio Libertador de Simití, Bolívar, volaron siete metros hasta la entrada de la antigua puerta de la sede del hospital San Antonio de Padua, después que su motocicleta tropezara con un altibajo que se encuentra en la mitad de la vía.

La comunidad prendió las alarmas y como un teléfono roto, de inmediato propago la noticia y se comenzó la persecución en caliente, cuando un motorizado de la “polocha” se le pegó al corte.

Eso fue rápido; gracias a ese “Policía Muerto” que esta tendido en la carretera, se logró la captura de uno de los bandidos que recibieron un golpe y su demora en el lugar de la caída los dejó “turulecos” por “sipote” “tramocaso” que recibieron. Los dos rateros que atracaron con cuchillo o champeta, unos minutos antes a Diva Gil y a su hija, Denisa Alcocer Gil, para quitarle su móvil; se pusieron de pie como pudieron y prosiguieron su ruta; pero para desgracia, uno de ellos fue detenido por los verdes, en el kilómetro 2, a la salida del pueblo.

Se trata de un hombre de 24 años, identificado con el nombre de John Jairo Charris Maza, natural de Sabanalarga, Atlántico; residente en el barrio La Floresta, municipio de Santa Rosa del sur, Bolívar; hijo de la prestigiosa maestra, Luz Marina Maza Tapias y Jairo Enrique Charris Jiménez, según información suministrada por las autoridades.

Una fuente extraoficial informó a nuestro medio de comunicación que se trata de jóvenes atrapado por la droga y el desespero por conseguir su “cachito”, se atrevieron ha arriesgar su propio pellejo.

El ladrón de celular como es conocidos en Simití, fue puesto a orden de las autoridades competentes y judicializado por la Sijin, ya que en Simití, al final, el delito NO Paga.

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