Indignado se encuentra la comunidad simiteña al conocer el comportamiento del Hospital de Segundo Nivel, San Antonio de Padua de Simití, al retener por más de 15 horas el cadáver de Samil Enrique Silva Mac-Mahón, un hombre discapacidad que murió ahorcado y que después de hacer la Sijin el levantamiento del cadáver en su casa fue trasladado al sanatorio donde le pidieron una suma elevada de dinero, por hacerle “el arreglo al cadáver; cuando lo podía sepultar de inmediato, por dos razones: el covid-19 o velarlo en su humilde vivienda ya que falleció en su vivienda sin problemas de contagio.
Samil era un hombre querido por muchos; su honradez y timidez; cada vez que quería tomarse una cerveza, decía: “…deme una pa la sed” hasta pagaba con moneda. Una de las anécdotas de él fue que conoció en la época de la marimba, el puente de San Francisco, en Estados Unidos; sus cuentos se remontaban a lo mágico y en la serranía de San Lucas, No había un lugar en lo más remoto de la selva que No habría visitado.
Samil Enrique Silva Mac-Mahón, un hombre con corazón de niño, a sus 55 años de edad cesó de respirar, cuando tomó la decisión de quitarse la vida.
Él paseaba las calles silenciosas de Simití, con una pasividad que deslumbraba el sol del mediodía, saludaba al paisano cuando cruzaba las desoladas calles, mientras entraba a la vieja casa de Nayo, comía un bocado servido por Isabelita, la esposa del viejo naviero de ríos, Jesús Mier.