En un entierro simbólico, la primera dama del municipio de Simití, Bolívar, Angie Arévalo Reyes, conformaron con sus mejores amigos una corte fúnebre y, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad en los tiempos del coronavirus; distanciamiento, alcohol en mano y tapaboca, armaron una procesión sin féretro, pero con bombas blanca infladas con helio que mágicamente se colgaban en la cúspide del cielo, esparciendo el alma de Abel Palomino al infinito, del pastor de los simiteños, (católicos y evangélicos), a quienes acompañaron hasta la puerta del camino que conduce a Dios.
Un dolor inmarcesible calo en lo más profundo del alma de Simití, de un hombre que era líder social, siendo presidente de la Junta de Acción Comunal del Barrio La Victoria; Consejero de la empresa COOAGUASIM; ayudaba a los adultos mayores a sacar los fichos en su pago; árbitro de fútbol; fue pastor evangélico, amigo de un millón de amigos y por la penosa enfermedad que ha dejado más de un millón de fallecidos en el mundo, fue sepultado a las 2 de la madrugada de hoy 23 de octubre del año negro del 2020.