Simití… 481 años de desidia

Dios y la naturaleza ha sido tan benévolo con los habitantes del municipio de Simití, Bolívar, pero aun esta comunidad sigue en pleno siglo XXI en la desidia; son 481 años de anarquía completa y el pueblo aún sigue sin alcantarillado, “pateando la lonchera”, lo único bello y pintoresco que tiene, la ciénaga y lo peor del caso, la única empresa que sin invertirle un solo peso, le da de comer a todos, a pesar del maltrato que la someten a diario, arrojándoles en sus aguas servida, acabando con los peces, robándose los playones y sin políticas ambientales claras del gobierno.

La vida no le ha dado tanto a un pueblo, como las riquezas que le brinda la naturaleza a la comunidad de Simití. Ningún simiteño se acuesta sin comerse un bocado de comida, porque tiene a la Madreagua que como una alcahueta le da todo a sus hijos malcriados.
Ella, La Madreagua está cansada de tanta indiferencia de sus habitantes, que aun en estado agónico, le sirve en su mesa el pan de cada día; sin importar que le arrojen basuras, que le quemen basura y roben sus playones.

Es vergonzoso para los que vivimos aquí, de ser el único municipio en el sur de Bolívar, que no cuenta con un alcantarillado y que a diario permite, admite esa conducta deshonrosa de alcaldes inoperantes, negligentes, que pasan desapercibido los miles de problemas que viven a diario; burlándose de la ignorancia e ingenuidad de muchos, para seguir sometiéndolos en la miseria, porque consideran que acumular riquezas debajo de la almohada, es mejor que vivir dignamente el cuartico de hora que caminamos sobre la tierra.

“Aún no he visto entierro con trasteo”, hay que disfrutar de los bienes del Estado y de la naturaleza, NO abuzando de ellos, manteniendo un equilibrio mental y no cegándose o dopándose con cerveza y droga; que nos hace zurumbático o pendejos, frente a los avaros que llegan al poder para robarse todo a tras de nada; porque cuando mueran, sus mismos gusanos de seguro se alimentaran de esa carne en descomposición, sin escatimar un trozo de su proteína putrefacta que dura poco mientras es devorado en medio de la supervivencia de miles de lombrices que lo desaparecerán tan rápidamente como el sueño de los que viven en la miseria.

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