“Quería conocer el MAR, pero… termine conociendo el MARdalena Medio”

“Cansado de escuchar las historias de mis amigos de barrio en la Localidad de Suba; donde ellos narraban novelas inolvidables de playas mágicas que visitaban en vacaciones con sus familias… ellos, solían decirme:
“Hay Cartagena del alma… hay Santa Marta, la bella… hay Coveñas sabrosa… entre tantas hermosuras, tengo que conocerlas”

Todos los días crecía para el “Rolo de Suba”, la ansiedad de conocer el MAR azul, soñaba en ese platón inmenso de agua salobre, donde él podía saciar su sueño, bañándose, afirma con voz alta de añoranza.

Con ese acentico particular que lo caracteriza, el cachaco de traje y corbata fina, se quedó atrás; ahora el calor caliente del mediodía es su mundo; en su rostro ruedan gotitas de sudor que le suavizan un poco la calentura; su ojos dejan percibir fácilmente los 40 grados centígrados que le queman el alma, el ardor de sus mejillas han cambiado en menos de dos meses, pasó de rosa, al amarillo pálido del trópico.

Esa mañana fría que tullía sus huesos, el Rolo de Suba, como lo llaman en el sur de Bolívar, levantó el dedo cuando llegó a la curva del puente de Guadua; el freno secuencial del tracto-camión cargado de víveres y abarrote le daba la bienvenida:
-“Señor quiero conocer el MAR, me lleva” se subió aparatosamente por las escaleras que tienen la carrocería del camión y arrojando su morral entre los bultos, una sonrisa se le escapa de sus labios, porque cumpliría su sueño de conocer el MAR.

En ese trayecto interminable de dos lunas y un sol, la noche estrellada le anunciaba el calor, le decía implícitamente, muy pronto estaría llegando a su destino soñado.
En el poblado de la playita, varias horas antes de entrar al 15, la ruta que conduce a Puerto Wilches, el hombre peregrino perdió todo; su cepillo de diente, el jabón, la yodora; sólo quedó con el calzoncillo, las medias, la camisa y el viejo pantalón que lava como puede, si… cuando se asoma la luna, tiene que dormir en “bola”, para que el vapor caliente de la noche seque su ropa.

El sol abrazador de la mañana lo levanta a la fuerza, observa que una caravana de carros hacían cola para entrar a un planchón gigantesco que cruzaría los vehículos al otro lado del río grande. “¡Gracias a Dios que he llegado!” Suspiro con alegría cuando vio el agua café, torrentosa y sintió el rocío de la mañana que rozaba su piel.

La mula pesada subió al ferri, el Rolo de Suba, agradecido le dijo: “Gracias chófer por traerme al MAR… y con una sonrisa irónica el conductor le respondió: “Amigo, llegaste al MAR… al MARdalena Medio.

Así el joven Rolo de Suba, pasa los días rebuscándose en el puerto de la Sierra, para alimentarse y espera otro mulero, que lo lleve de regreso a la capital de la república, porque será en otra ocasión que conozca el verdadero MAR… porque de seguro le encantó la gente que le brindo calor en el MARdalena Medio.

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