La izquierda y la derecha, quieren escuchar al más azul de los liberales.

Álvaro uribe Vélez... unos lo odian de corazón, otros lo adoran por pasión.

Hablar de Álvaro Uribe Vélez en el sur de Bolívar, es tema obligado en la cultura de la violencia; el rol que viven los ribesureños siempre muestra una tendencia de extremos, eso es lo que se refleja en el pueblo; unos lo odian de corazón, otros lo adoran por pasión.

 

Nos concentramos en el lado positivo del hombre que ha generado ciento de leyendas en esta zona de orden público; donde se creó en el imaginario el mito del “súper-héroe” de ese ser intelectual de los pobres o el verdugo de los rebeldes.

 

Con la ingenuidad que se caracteriza al hombre del campo, de la montaña, ellos suelen expresarse del icono de la derecha: “Ese es nuestro Presidente que se monta en el avión fantasma para dispararle desde el aire a los guerrilleros atrincherados en la manigua de la serranías de San Lucas, que por miedo huían en estampida al monte, provocados por el ruido enloquecedor de la aeronave nocturna y al escuchar que Álvaro… se encontraba montado en el aparto volador”

 

Estas historietas que rondan en la memoria de muchos labriegos, campesinos y pescadores de la región pantanosa del Magdalena Medio bolivarense, está plasmado en su disco duro como “el chacho de la película” el hombre de mano de acero, el que doblega a los subversivos, sólo con su nombre hacía temblar hasta al más valiente de los troperos; pero al mirarlo durante una hora, frente a frente, a solo un metro de distancia, percibí en sus gestos, su fragilidad.

 

Uribe es una ráfaga verbal de metralla, su arma valiosa es la  elocuencia en el lenguaje articulado; ese don de súper-macho se lo da la palabra y se crea el realismo mágico como salvador de los pobres o “el rambo” de los miserables que viven de la sangre y de la desolación.

 

Entre la multitud y con el miedo que genera la presencia de Álvaro Uribe Vélez en plaza pública en Santa Rosa del sur, Bolívar, atrae en su visita una multitud de curiosos, de apasionados; la presencia de fanáticos, neutraliza a los valientes. Ahí, en medio de la multitud estaban tres reconocidos Elenos; dice un campesino: “Como la gran mayoría de nosotros los conocemos, porque pasan por nuestros potreros y cruzan nuestros alambrados, no se atreven hacerle nada, porque ellos nos tienen respeto. Ellos vestían camisa sencilla para que todos se dieran cuenta que no usaban armas; ellos, los compas NO hacen nada, se neutralizan fácilmente y, no se atreven ni siquiera a tocarle un pelo, porque se forma la de Troya y si alzan las manos, posiblemente queden tirados en el suelo, antes que reaccionen los guarda espaldas” dice con firmeza, Bernabé.

 

El temor que produce cualquier intento de atentado, da un equilibrio en el lugar donde este Álvaro; gracias a sus fanáticos campesinos que dan confianza de seguridad en el escenario; mientras su inteligencia militar, la policía, los hombres de seguridad, pasan desapercibido todo el peligro que asecha a su alrededor.

Las masas que lo adoran, neutralizan cualquier accionar de la guerrilla o de cualquier violento, tendría que ser un suicida intentar hacer una locura en un lugar donde aman a Uribe Vélez; todos en esta región sienten miedo de morir, inclusive ellos, que le ronda la muerte permanentemente.

 

Los violentos se aman unos a los otros y sobre todo, generan entre ellos admiración de esas figuras de oposición extrema, que gracias a las leyendas rurales, sus enemigos acérrimos son neutralizados por la mirada de los labriegos que llegan a tal punto de amar y vanagloriar al más controvertido senador.

 

Después de entregarle la palabra a los asistentes, él responde bien y en la gran mayoría de las veces, evade el fin de la respuesta, pero al final todos quedan satisfechos, porque “el presidente vitalicio” de los campesinos, como ellos mismo lo reconocen, contesta sus preguntas.

 

Su forma de evadir es mágica, pero cuando lanza sus palabras al aire dejan satisfechos a los cientos de fanáticos que sólo quieren verlo, tocarlo y tomarse un celfi; Álvaro Uribe Vélez, llena cualquier plaza porque la “godarria y los cachiporros” lo adoran, y no están pendiente de una tamal o de un trago de ron, ellos sólo quieren escuchar al más azul de los liberales.

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